Reseña Histórica
Proviene de las ciencias médicas el conocimiento de las estrías
papilares (continuidad de prominencias) de las yemas de los dedos que,
al tocar cualquier otro cuerpo liso, quedan retratadas fielmente por medio
de la transpiración. Desde tiempos muy remotos se suceden estudios,
más allá de los biológicos, acerca de la posibilidad
de que estos dibujos puedan, o no, ser iguales a los de otras personas
y sobre la probabilidad de su herencia entre otros aspectos.
La cuestión se reduce a poner en claro una sucesión sencilla
y elemental de antecedentes o hechos, que son, puede decirse, como los
eslabones de una cadena.
El primer eslabón es la existencia de manchas dactilográficas
usadas en el Asia antigua (India, China y Japón), a guisa de signo
supersticioso, en ciertas escrituras. Ese primer eslabón es simplemente
el empleo de lo que puede clasificarse de materia prima dactiloscópica.
El segundo eslabón está forjado en la fragua intelectual
de los investigadores de los relieves, sea como órganos fisiológicos,
o dibujos característicos. Esos investigadores fueron Malpighi,
en el siglo XV, Ruish - Albino en el XVI, Purkinje en los comienzos del
XIX y Alix a mediados del mismo siglo.
El tercer eslabón está hecho con los estudios de los que
aislaron esos dibujos y determinaron sus tipos fundamentales, sin sistematizarlos
y sin tener en mira los fines prácticos de la identidad. Ellos
fueron, el ya nombrado Purkinje, en 1823, Faulds, en 1880, que distingue
tres tipos, el Arce (arco); el Loop (presilla) y el Whorl (verticilo).
Purkinje y Faulds fueron los que antes que nadie aislaron y determinaron
los tipos fundamentales; antecedieron a Galton y a Vucetich, de suerte
que, en la justa distribución del mérito, éste corresponde
a Purkinje. A pesar de lo cual no es éste, sin embargo, el creador
de la identificación moderna. Así, en 1877, Williams James
Herschel, actuando como funcionario de la corona inglesa, empleó
la impresión de los dibujos estriados de los dedos de la mano para
autenticar la firma de documentos y propuso ese método para individualizar
a los detenidos en las cárceles, que él mismo llevó
a la práctica, pero sin clasificar nunca los dibujos obtenidos.
El cuarto eslabón de la cadena se forja en los estudios de la impresión
aislada, determinando sus características haciendo de ella una
nomenclatura. Esta nomenclatura no pertenece a Galton exclusivamente;
en efecto, contemporáneamente la crearon también, Forgeot,
Feré y Testud, en Francia en 1891. A esa terminología es
lo que el ilustre profesor lionés, Locard, denomina clasificación
natural, en su obra L'identification des Récidivistes.
Es lo que llevó a cabo Galton desde 1888 hasta 1890, y lo que dio
a Vucetich la idea original de su clave literal del año 1891, tal
como siempre lo dijo en todas sus obras y en toda ocasión pero
la clasificación natural de las impresiones digitales no es sistema
práctico de identificación. Había que hallarlo o
que inventarlo, y aquí llegamos a lo fundamental del magno asunto,
es decir, al último eslabón de esta cadena de sucesivas
investigaciones, que insumen nada menos que cuatro siglos. Es un proceso
semejante al de toda invención, que nace o se produce después
de una sucesión de ideas y de ensayos.
El quinto y ultimo eslabón es la sistematización de las
impresiones digitales para utilizarlas en servicios públicos cuantísimos,
no en juegos de 500 fichas, como tenía Galton en su laboratorio
de Londres, sino en colecciones o archivos de millones de fichas lo que
es sin duda bastante diferente.
La sistematización creada por Vucetich es la que, precisamente,
satisface del modo más absoluto esa necesidad pública, no
así la del ilustre Galton que por dictamen de la comisión
técnica del Gobierno de Inglaterra, que examinó el sistema
de este último en 1893, fue declarado útil para pequeñas
colecciones solamente, no para grandes archivos.
Clasificaciones absolutamente diversas.
Es que Galton no pudo conseguir, a pesar de su talento y su profunda versación
en la materia, encontrar la clave que por largos años, desde 1890
hasta 1895, buscaba con afán. Galton tenía en 1893, una
serie de claves, publicadas en sus obras, especialmente en Finger Prints
Directories, (1895), y en 1919 en la Revista de Policía de Buenos
Aires; haciendo mención de aquellas cifras para emplearlas en sustitución
de los signos estenográficos con que designaba sus tipos A, R,
U, W, de 1895 y A, O, I, W, de 1892, equivalentes todos a las tipos o
grupos fundamentales de Purkinje, de 1823 y de Faulds de 1880, claves
absolutamente diferentes de todas las conocidas entonces y después,
y también absolutamente distintas de la fórmula que Vucetich
halló en el mes de Diciembre de 1896 y que sustituyó paulatinamente
durante tres años, de 1897 a 1899, a la clave literal de los 41
tipos de la clasificación natural de Galton clave literal que por
la disposición especial que le dio Vucetich, constituye un verdadero
y original sistema, la Ignofalangometría, o sea, la originalidad
de la adopción de las cuatro primeras cifras: 1, 2, 3 y 4. La indicación
del uso de los cuatro números hecha por Galton no tiene parecido
con el empleo de los mismos en el sistema dactiloscópico argentino,
porque mientras aquel las proponía para facilitar la lectura, éste
las hizo servir para obtener mediante la permutación de las mismas,
1.048.576
