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San Miguel en las Sagradas Escrituras 

San Miguel, defensor de los moribundos

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Oración


SEÑOR DE TI MISMO


Cuando patrulles la ciudad y sientas,
Que es tu misión sagrada custodiarla;
Cuando veles el sueño de los otros,
Y creas en el apostolado de tu guardia;
Cuando el eco de tus pasos en la noche,
Lleven tranquilidad y den confianza,
Y representes la paz en cada esquina,
Bajo el sereno control de tu mirada,
Cuando el frío y el sol muerdan tu carne,
Sin que se mueva un músculo en tu cara;
Cuando el miedo penetre en tus entrañas;
Y encuentre allí un altar de fe cristiana,
Cuando tengas la humildad de los valientes,
Para ordenar hacer lo que mas cueste,
Y los hombres te sigan por ti mismo
Aunque vayas incluso hacia la muerte;
Cuando impongas respeto y disciplina,
Con tu sola presencia ante quien sea;
Cuando nadie juzgue nunca tu conducta,
Porque no das lugar para que puedan,
Y el código de honor que guíe tus actos,
Marque el norte vital de tu existencia;
Cuando en cada amanecer mires al cielo,
Agradeciendo a Dios poder decir presente,
Cuando la lista de muertos día a día,
Signifiquen para ti deudas pendientes,
Y en llanto de huérfanos y viudas,
Encuentres para luchar un aliciente;
Cuando el surco caliente de una bala,
Rompa el espejo negro del silencio;
Cuando florezca un clavel ensangrentado
En el pecho de tu compañero,
Y elevas al señor una plegaria,
Sin rencor, ni queja, ni lamento;
Cuando debas tirar y tu disparo,
Sea sin odio y a la vez certero;
Cuando aceptes morir solo en una calle,
Teniendo como mortaja el firmamento,
Y aspires a formar junto a los otros,
Que hacen guardias junto a los luceros;
Cuando seas imparcial contigo mismo,
Sin creerte poseedor de las verdades,
Cuando puedas reprimir impulsos propios,
Desechando egoísmo, envidia y vanidades,
Y logres irradiar sin falsas poses,
Esa hombría de bien conque se nace;
Cuando estés penetrado totalmente,
De tu hermosa misión en esta tierra;
Cuando no te encandilen los honores,
Ni el poder se te suba a la cabeza,
Y el dinero no pueda doblegarte,
Ni ponerle precio a tu decencia;
Cuando eso consigas con tu esfuerzo,
Recién entonces habrá llegado el día,
En que puedas gritarle al universo,
Por la gracia de Dios...Soy Policía.