Superintendencia de Institutos de Formación Policial

Juan Vucetich

Iván Vucetic, (nombre real) nació el 20 de Julio de 1858 en Lesina, localidad de la isla de Hvar, perteneciente a archipiélago dálmata, región marítima extendida de NO al SE a lo largo del Adriático, de población serbocroata, entonces perteneciente al imperio austrohúngaro, hijo de Víctor y de Vicenta Kavacevic.
En 1882, procedente de ultramar, llegaba a Buenos Aires, se sabía que el arte de su predilección era la música. Si bien no tenía pretensiones, deseaba iniciarse de inmediato en alguna tarea.
Poco después aquel joven, comienza a trabajar para Obras Sanitarias, donde se desempeñaba como capataz; tenía a su cargo la vigilancia de los trabajos de un determinado número de obreros, demostrando celo en el cumplimiento de su deber.
A Bernardo Calderón, Jefe de Policía, desde Mayo de 1883 a Junio de 1884 le cupo el honor de dirigir la Institución en el momento de la inauguración del edificio que actualmente ocupa en La Plata, (frente a la plaza Rivadavia, manzana limitada por las calles 2 y 3 y las avenidas 51 y 53).
Los edificios públicos de la nueva capital bonaerense se venían levantando aceleradamente desde su fundación (llevada a cabo como se sabe, el 19 de Noviembre de 1882) y el gobierno provincial había dispuesto que las autoridades del primer estado argentino, que aún se encontraban desempeñando sus cargos en la benemérita ciudad de Santa María del Buen Ayre (ya la Capital Federal), debían estar instaladas en La Plata antes del 30 de Abril de 1884, cuando jefatura abandona aquellos espacios o recintos capitalinos para instalarse definitivamente en La Plata.
En 1888, Vucetich, se radica en La Plata, ingresando en los cuadros de la Policía Bonaerense, con la asignación mensual de $ 30 moneda nacional. Se dice reiteradamente como meritorio, dato verídico; aunque es preciso aclarar que lo de tal meritorio constituía entonces una cierta designación pseudo oficial que se atribuía al vigilante o agente de policía alfabeto, ya que sabía leer y escribir, sin plus ni suplemento remuneratorio alguno (no constituyendo, por ende dicha añadidura de meritorio jerarquía alguna distinta a la de agente en la cadena de mandos ni responsabilidad funcional administrativa que no fuere la de simple agente). Lo de meritorio, y por su alfabetismo, acaso haya sido puesto a aquel viejo servidor público de la fuerza que llevaba los libros de guardia y demás documentación de entonces en las diversas dependencias de policía.
El meritorio Vucetich, entonces, y por orden del Jefe de Policía don Carlos J. Costa, fue destinado a la oficina de Contaduría y Mayoría, a cargo de don Ernesto M. Boero. Y a partir del mes de mayo del año 1889, recibe el nuevo destino en la oficina de Estadística, quedando designado encargado de ella, a partir del 16 de septiembre (según conjeturas, confirmadas por versiones verosímiles e indubitable tradición oral, porque Vucetich, no obstante su elemental alfabetismo que le proporcionó la instrucción primaria europea, ya evidenciaba estar dotado de cierto talento, o al menos, facilidad y consecuentes inquietudes por las matemáticas).
Como de dicha oficina dependía la sección de Identificación Antropométrica, Vucetich se abocó de inmediato a la redacción de un anteproyecto de reorganización total de la misma (la que comenzó a operar a partir de 1890). Y en el mes de enero del siguiente año, se inicia la publicación del Boletín de Estadística, a su inspiración e iniciativa.
Se puede recordar que a mediados de este año de 1891, Vucetich tendrá la edad de treinta y tres años. Y también resulta oportuno advertir que dicho año está llamado a constituirse en un hito de singular e indiscutible trascendencia científica, en la cuna bonaerense y con proyección mundial (por otra parte, tema básico de esta exposición).
A mediados de 1891, el Jefe de Policía, capitán de navío don Guillermo J. Nunes encomienda a Vucetich la organización de un servicio de identificación por el sistema antropométrico, muy difundido y de sólido predicamento científico en el país natal de su célebre fundador e impulsor.
Corresponde destacar que el aludido Sistema bertilloniano (ordenado por Nunes) para la identificación y clasificación de las personas, está basado en dos supuestos o leyes: la primera la de inmutabilidad de las dimensiones y relieves de ciertos huesos (durante la edad adulta), y la segunda, la variabilidad de dichas dimensiones en las diferentes personas (motivo por el cual era muy difícil la coincidencia). Las tales imensiones básicas tenidas en cuenta se reducen a las siguientes (cinco): uno, longitud de la cabeza; dos, de su anchura, tres, longitud del dedo medio izquierdo, cuatro, longitud del pie izquierdo, y cinco, longitud del antebrazo izquierdo.
Sentado esto, y retomando el ámbito temporal aludido (1891), se puede asegurar, en versión unánime, que, a mediados del mismo, visita al Jefe Nunes el ingeniero Francisco Seguí (legislador, periodista y ministro de gobierno bonaerense en la gobernación de Máximo Paz; Seguí nació y murió en Buenos Aires, 1855-1935), hombre culto, erudito y científico de nota. Perteneció a la Sociedad Científica Argentina y presidió el Instituto Geográfico Argentino, dirigiendo, además, el Boletín Geográfico Argentino. Pues bien este personaje deja olvidado en el despacho de Nunes, nada menos que el ejemplar nro. 18 (primer semestre) t 47, del 2 de Mayo de 1891, de la famosa Revue Scientifique (paraissant le samedi, fondée en 1863, revue rose, directeur: M Charles Richet), en el que se publicaba (ps. 557/562) el trabajo titulado Antropoligie Les empreintes digitales, dapres M. F. Galton, publicación que trataba, la reseña efectuada por el médico y matemático Henry Crosnier de Varigny (nacido en las francesas islas Hawai, en 1855), de la conferencia pronunciada por Francis Galton el 27 de Noviembre del año anterior en la famosa Royal Society de Londres, que luego publicara bajo el título Pautas sobre las marcas e impresiones del pulgar y de los dedos.
Galton (nacido en Birmingham, 1822, y muerto en Londres en 1911, era primo de Charles Darwin), antropólogo, meteorólogo y explorador de varias comarcasafricanas (1852), formuló la teoría de los anticiclones e inventó nuevos métodos cartográficos, efectuando además una gran contribución a la estadística, y sobre todo, demostró una gran pasión por la medida de las impresiones digitales, el color de los ojos y de la piel, entre otras inquietudes, que lo destacan como uno de los grandes de la moderna bioestadística. Enunció las tres leyes fundamentales de la Dactiloscopía: perennidad, inmutabilidad y diversidad infinita. Cuando Vucetich publica su Dactiloscopía Comparada (siendo director de la oficina de Identificación, trabajo redactado especialmente para el 2° Congreso Médico Latino - Americano celebrado en Buenos Aires del 3 al 10 de abril de 1904 (publicación efectuada en Tall. De establecim. Tipográfico Jacobo Pauser, La Plata, 1904) estampa en la misma la siguiente dedicatoria: Al Maestro Mr. Francis Galton.
Refiere Vucetich que, al ojear el jefe dicha publicación francesa, y llamándole la atención tales referencias sobre impresiones digitales, al entregarle el ejemplar le dice que le augura éxito en la tarea de completar, con dicho procedimiento, el sistema antropométrico, y simultáneamente, le vaticina que, quizá el podrá instituir un método o sistema por medio de dichas impresiones digitales.
Y más adelante confiesa Vucetich que él, hasta entonces, poco, o mas bien, nada conocía de tales impresiones; pero agregaba, "penetrado de la trascendental importancia que revestían dichas investigaciones", se dedicó por entero, y con ejemplar ahínco, a la tarea de obtener tales impresiones para utilizarlas en el servicio de identificación, clasificando las fichas sobre la base de las cuarenta variedades galtonianas, las que, a su vez, constituyeron una ampliación de los nueve núcleos concebidos por Purkinje (corresponde recordar que el eminente filósofo y fisiólogo checo Juan Evangelista Purkinje ó Purkiñe, nació en Libochowitz cerca de Leimeritz, el 17 de Diciembre de 1787 y murió en Praga el 28 de Julio de 1869, habiendo sido profesor de anatomía y patología (Universidad de Praga y Breslau). Para algunos autores es considerado el padre legítimo de los dactiloscopistas por su Comentatio de examine phsiologico organo visus et systematis cutanei, en 1823, obra en la que se clasificaba en los nueve ya mencionados dibujos o tipos papilares: flexure transversae, stria centrales longitudinalis, stria obliqua, sinus obliquus, anygdalus, spirula, ellipsis, circulus y vortex duplicatus.
Luego Vucetich habría de tener noticias de otros muchos hombres que prestigiaron el conocimiento científico universal.
Pues bien, el sabio platense se abocó de inmediato a la redacción de las instrucciones para la aplicación del sistema bertilloniano-antropométrica, así como implementó todas las modificaciones que fueran necesarias para la adopción práctica de di-cho sistema e incorporó las impresiones digitales para el servicio identificatorio. Y todo, en un proyecto que, aprobado en Agosto del memorable año de 1891, se inaugura el 1ro de Septiembre del mismo.
Así nació la famosa oficina de identificación en la que quedaron instituidos los dos métodos (o sistemas): el antropométrico y el otro, el de las impresiones digitales (que, entonces, Vucetich bautizara con el nombre extraño de icnofalangométrico).
Según surge de la (trina) composición, tanto lo de falange cuanto lo de métrico, resulta fácil. Icno, en cambio significa descripción (del griego y latín Ichno). Tal sistema constaba entonces de 101 tipos.
El recordado Faulds dejó rotunda e inconcusa mente afirmado que, por primera vez en el mundo, sin excepción, Vucetich efectuó la aplicación legal y metódica del sistema en la Oficina fundada por él en La Plata, el 1º de Septiembre de 1891.
Cuando Vucetich publica la segunda edición de sus Instrucciones generales para el sistema de filiación Provincia de Buenos Aires (tall. Sesé, La Plata, 1896), cita una opinión de Alessandro Manzoni (1785-1873, autor de I promessi sposi, entre otras), en punto a la potencia científica que, sin duda, tiene el perfil de Sistema: cuando una opinión obtiene un vasto y prolongado dominio, se expresa en todas las maneras, intenta todas las salidas y recorre todos los grados de persuasión. Por eso, el de Vucetich es realmente un verdadero sistema, si por tal se entiende un conjunto de reglas o principios enlazados entre sí (simple, sintético, claro, notorio, universal y que da respuestas a todos los interrogantes, que despeja o desecha cualquier perplejidad o duda, que no ofrece fisuras, reparos ni réplicas, a no ser los provenientes de mentecatos, necios o envidiosos). sus Instrucciones generales para el sistema de filiación Provincia de Buenos Aires (tall. Sesé, La Plata, 1896), cita una opinión de Alessandro Manzoni (1785-1873, autor de I promessi sposi, entre otras), en punto a la potencia científica que, sin duda, tiene el perfil de Sistema: cuando una opinión obtiene un vasto y prolongado dominio, se expresa en todas las maneras, intenta todas las salidas y recorre todos los grados de persuasión. Por eso, el de Vucetich es realmente un verdadero sistema, si por tal se entiende un conjunto de reglas o principios enlazados entre sí (simple, sintético, claro, notorio, universal y que da respuestas a todos los interrogantes, que despeja o desecha cualquier perplejidad o duda, que no ofrece fisuras, reparos ni réplicas, a no ser los provenientes de mentecatos, necios o envidiosos).
Ha quedado demostrado que Vucetich, transcurrido pocos meses, sin ningún previo conocimiento sobre el tema y en los recientes cumplidos 33 años de vida, inaugura la oficina.
De inmediato procede a la identificación de 23 procesados en la jefatura, comenzando el día 07 de Diciembre con la identificación de todos los detenidos en la cárcel de La Plata, y en 1892, se identifica al contingente de aspirantes a agentes de Policía. Al final de ese año se habían identificado a 1.462 aspirantes, de los cuales 78 resultaron con antecedentes y uno con nombre supuesto.
Recuerda el sabio (cit. Dactiloscopía Comparada, 129) que las autoridades judiciales bonaerense en lo penal hicieron un honroso sitio para la identificación dactiloscópica, comenzando por el Departamento Judicial Norte (San Nicolás), cuyo Juez en lo Criminal Octavio Gonzalez Roura (nacido en Mercedes, provincia de Corrientes el 04 de febrero de 1869 y fallecido en 1928), y su iniciativa, logra de la Suprema Corte, a Consejo de la Procuración General, la adopción del sistema acordada el 04 de octubre de 1902. Este jurista, es el que luego integra -junto a Acevedo y Lozano- la comisión redactora del Código Bonaerense en lo Procesal Penal - que entró a regir en marzo de 1906-, ordenamiento que contiene no pocos preceptos referidos a la aplicación del sistema: impresiones digitales (art. 259), identificará (278), filiación dactiloscópica (279), identificado (423), identidad, identificación, individual dactiloscópica del procesado (433), identificado (440), identificadas (660), etc. (Cfr. Sislán Rodríguez, op.sit, 379).
Después de dicho ordenamiento, Jofré redactó un nuevo Código de Procedimiento Penal para la provincia de Buenos Aires (sancionada por ley 3589 del año 1915, que se denomina hoy a secas: el Código de Jofré), el cual, con modificaciones, se encuentra vigente, y en cuanto al tema de este trabajo, no ha variado un ápice en su economía. Así, en el acto de proceder a la detención el Comisario o Juez procederá a tomar las impresiones digitales (art. 206; hoy 210), pudiéndose denegar la excarcelación si el imputado se hubiere negado a dejarse tomar la individual dactiloscópica (ex 207 infine; 211). Así mismo, para la valoración de los indicios o presunciones, el cuerpo del delito deberá constar por medio de pruebas directas e inmediatas y los aludidos incisos o presunciones, que sean al menos dos, excepto las impresiones digitales que podrán ser invocadas como plena prueba (256, 259). También prevé dicho ordenamiento que, antes de procederse al entierro del Cadáver (occiso) o inmediatamente después de su exhumación, se tomaran las impresiones digitales (ex 102;110). El precepto 114 (hoy152) dispone que al testigo, si el instructor lo considera conveniente, o cuando se trate de personas desconocidas que no sepan escribir o sin domicilio, se le tomaran las impresiones digitales que se agregarán a los autos, y además, en cada una de las fojas de la declaración se tomará la impresión de uno de los dedos del testigo.
Aquel extraño vocablo -icnofalangometría- más luego fue abandonado por Vucetich, aunque nunca desechó la voz identificación (se sabe que, en derecho, identidad consiste en el hecho de ser una persona o cosa la misma que supone o que busca, o en filosofía, que identificar es aprender la razón, como diferentes, las cosas que en realidad son una misma -tales el entendimiento, la memoria y la voluntad, que se identifica entre sí con el alma-). (Es así que el doctor Francisco Latzina, propuso que fuese sustituido dicho "vocablo extraño" por el de Dactiloscopía, que consideraba ser más eufónico y exacto, universalizándose así esta nueva denominación.)
En fin ese reconocer cada una de sus propias obras, únicas intransferibles, idénticas a sí mismas, pues el Señor ha marcado con su sello la mano de todos los hombres, según el versículo revelador: (Biblia, Antiguo Testamento, libro de Job, 37, 7)
Por aquel recordado año de 1891, ocupaba la Jefatura de la Comisaría de Pesquisas el Comisario Inspector Eduardo M. Alvárez (en 1893, Comisario de órdenes, para asumir la jefatura de la fuerza), quién, a la par de interesarse en los estudios, investigaciones y progresos del sabio, traba amistad, que cree en el mismo y abriga una profunda fe en el sistema. Y muy pronto se le verá protagonizando la prueba de fuego... consistente en la aplicación específica práctica y concreta del sistema.
Se dice que Vucetich, sin mas ayuda que la propia, superaba todos los métodos existentes hasta entonces, por lo que se puede decir, que mientras edificaba el nuevo sistema, tenía que continuar trabajando con el viejo.
Vucetich, demostró que los esquemas digitales se encuentran los elementos necesarios para establecer, de una manera definitiva y durable, la iden tidad de las personas en todos los momentos de la vida, y aquello se debe, en mas de una ocasión, éxitos honrosos a la justicia. No es la ciencia -agregaba el sabio- quien ha requerido que la identificación tenga un solo medio y logre una sola eficacia, sino la naturaleza. Todo es mudable en la vida, menos el esquema digital, todo es reproducible en los congéneres, menos el dibujo papilar.
Sus colaboradores, amigos y discípulos (Luis Reyna Almandós, Antonio Herrero y Sislán Rodríguez, entre otros) sin excluir los de éstos, e incluyendo a los continuadores y probos criminalistas contemporáneos -que actualmente cumplen altas funciones técnicas en la fuerza- ya en valiosas publicaciones individuales o ya en ediciones en revistas prestigiosas, legaron significativa documentación sobre el particular y temas ajenos, además de la exposición, comprobación y elucidación de las tresfamosas leyes perennidad, inmutabilidad (inalterabilidad absoluta) y diversidad (variedad o variabilidad) infinita (Cfr. Sislán Rodríguez, op. cit., 101. ss.).
La prueba de fuego insinuada anteriormente tuvo lugar en ocasión de un hecho acaecido en la ciudad bonaerense de Necochea cuando ya desaparecían los matices crepusculares del 29 de Junio 1892, hecho, por cierto, que llenó de consternación, es tupor y hasta espanto al vecindario todo y aún hasta a la misma policía lugareña de hace mas de una centuria, no acostumbrada precisamente a crímenes tan ignominiosos (como el asesinato de inocentes e indefensos niños). Tal vez, cuatrerismos o abigeatos, algunos duelos criollos, ciertos hurtos menores, juego u otros hechos de similar linaje. Pero, pensar en tales truculentos homicidios consumados con tal fiera alevosía, era pensar en lo excusado. Consecuentemente y parejo con la perplejidad, el desconcierto y la inevitable indignación, se evidenciaba la notoria ineficacia de los mecanismos investigativos de entonces, sobre todo para que pudieran satisfacerse cabalmente las requisitorias que hoy solo puede darla una seria y objetiva investigación abastecida con la Criminalística.
Ya no tanto el porqué, cuanto el como, con qué, cuando, donde, qué y quién. ¡Casi Nada!
La buena voluntad de aquel viejo instructor o investigador no era suficiente, pues no se lograban los resultados adecuados. Además, la pesquisa se desorientaba y perdía lamentable y definitivamente el rumbo, no obstante la inteligencia e intuición, sobre todo al no atinar con los correctos procedimientos e instrumentos investigativos.
Ante tal desolador cuadro, y comunicada la novedad a la superioridad de la jefatura, ésta destaca en comisión al mencionado Comisario Inspector Alvárez, quién una vez en el lugar del hecho, o escena del crimen, en la búsqueda de rastros, huellas y demás vestigios, acierta en destacar unas manchas de sangre (huella digital) en la puerta de la vivienda, con las que se esclarece inmediata y definitivamente el hecho punible y sobre todo se descubre el autor.
Y obviamente queda desincriminado uno de los imputados, el inocente Velásquez (Pedro Ramón Velásquez, paisano bueno y trabajador, de 45 años de edad, amigo y compadre del honrado y laborioso puestero Ponciano Carballo separado de su joven mujer de 27 años, Francisca Rojas, fue imputada de la muerte de sus ahijados, los menores de 6 y 4 años de edad respectivamente, Ponciano (o Ernesto) y Francisca (o Teresa) Carballo y Rojas, asesinados aquel aciago anochecer del 29 de Junio de 1892. cer del 29 de Junio de 1892.
Después terminaría confesando su autoría y se conocieran las razones -o sin razones- que tuvo la madre para cometer tal espeluznante filicidio, se hiriera a sí misma, simulando un ataque y acusara a un humilde vecino del lugar de la autoría del hecho (que desencadenará tan trágicamente el romance de la Francisca con José Castellanos).
Es así que podemos afirmar que Juan Vucetich, sería el primero en introducir en la provincia de Buenos Aires, los principios de la Policía Científica.
Hasta aquí, la historia quiere que Vucetich, con sus jóvenes 33 años de vida, halla obtenido un éxito que no en balde trascendió los límites o fronteras de su nación adoptiva (Argentina).